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El último día de Pompeya
El 24 de Agosto del año 79, una erupción del monte Vesubio borró del mapa la ciudad de Pompeya.
En el siglo I AC, Pompeya era tan sólo una de las muchas ciudades asentadas alrededor del monte Vesubio. La zona, que tenía un numero considerable de habitantes, se hizo próspera gracias a la famosa fertilidad de sus tierras. Durante la erupción del año 79, que tuvo una duración cercana a las 19 horas, el volcán liberó cerca de 4 kilómetros cúbicos de rocas y cenizas sobre una extensa área al sur y al sureste del cráter, principalmente sobre la ciudad romana de Pompeya,, que quedó sepultada bajo una capa de 3 metros de desechos volcánicos.
El suceso fue registrado por Plinio el Joven en una carta remitida al historiador Tácito, hablando de su tío Plinio el Viejo:
“Se encontraba en Miseno al mando de la flota. El 24 de agosto, como a la séptima hora, mi madre le hace notar que ha aparecido en el cielo una nube extraña por su aspecto y tamaño. Él había tomado su acostumbrado baño de sol, había tomado luego un baño de agua fría, había comido algo tumbado y en aquellos momentos estaba estudiando; pide el calzado, sube a un lugar desde el que podía contemplarse mejor aquel prodigio. La nube surgía sin que los que miraban desde lejos no pudieran averiguar con seguridad de qué monte (luego se supo que había sido el Vesubio), mostrando un aspecto y una forma que recordaba más a un pino que a ningún otro árbol. Pues tras alzarse a gran altura como si fuese el tronco de un árbol larguísimo, se abría como en ramas; yo imagino que esto era porque había sido lanzada hacia arriba por la primera erupción; luego, cuando la fuerza de esta había decaído, debilitada o incluso vencida por su propio peso se disipaba a lo ancho, a veces de un color blanco, otras sucio y manchado a causa de la tierra o cenizas que transportaba. A mi tío, como hombre sabio que era, le pareció que se trataba de un fenómeno importante y que merecía ser contemplado desde más cerca.”
Se calcula que aquella columna de ceniza tenía más de 32 km de altura. Se sintieron varios terremotos en el momento de la erupción seguidos por una violentísima sacudida del terreno. Plinio el Joven apuntó que la ceniza caía en espesas capas y que la ciudad estaba siendo evacuada. El sol se ocultó por la erupción y la luz cedió ante la oscuridad.
Plinio el Viejo, al mando de la flota romana en Miseno, fletó varios barcos para rescatar a los que aún permanecían al pie del volcán. Llegó un emisario con el aviso de una amiga de Plinio, que le imploraba su rescate. Cruzó la bahía pero se encontró con una espesa lluvia de ceniza, con pedazos de pumita y grandes trozos de roca que le obstaculizaban el acceso a la orilla y que le impidieron desembarcar. Finalmente desembarcó a unos 4,5 km de Pompeya, en Estabia, y se refugió en casa de su amigo Pomponiano.
Plinio y su grupo vieron venir grandes llamas desde varias partes de la montaña y tras la noche decidieron evacuar. Plinio, Pomponiano y sus compañeros se dirigieron a la playa con almohadones atados en sus cabezas para protegerse de la avalancha de rocas. Había tanta ceniza en el aire que apenas se veía a través de la oscuridad y necesitaban antorchas para encontrar el camino. Consiguieron llegar hasta la playa, pero descartaron huir por el mar debido a su violencia por los continuos terremotos. Plinio el Viejo se desplomó y murió. Su sobrino insinúa que fue debido a la inhalación de gases:
“Mi tío decidió bajar hasta la playa y ver sobre el lugar si era posible una salida por mar, pero este permanecía todavía violento y peligroso. Allí, recostándose sobre un lienzo extendido sobre el terreno, mi tío pidió repetidamente agua fría para beber. Luego, las llamas y el olor del azufre, anuncio de que el fuego se aproximaba, ponen en fuga a sus compañeros, a él en cambio le animan a seguir. Apoyándose en dos jóvenes esclavos pudo ponerse en pie, pero al punto se desplomó, porque, como yo supongo, la densa humareda le impidió respirar y le cerró la laringe, que tenía de nacimiento delicada y estrecha y que con frecuencia se inflamaba. Cuando volvió el día (que era el tercero a contar desde el último que él había visto), su cuerpo fue encontrado intacto, en perfecto estado y cubierto con la vestimenta que llevaba: el aspecto de su cuerpo más parecía el de una persona descansando que el de un difunto.”
| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Pedro el 20 Mayo, 2010 a las 10:03 AM, y está archivado en Curiosidades. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |
hace 3 meses
Me encanta tu blog , una pena que lo actualices tan poco , pero los posts y las fotos son geniales
hace 3 meses
Muchas gracias, vallesin. Lo cierto es que tienes razón, actualizo muy poco, pero es que me lleva mucho tiempo preparar los artículos, pero otras veces es que olvido. Espero hacerlo más a menudo.